martes, 28 de marzo de 2017

DIARIO DE VIAJE ( PARTE 6)

- Dia 16 Pietermaritzburg

No vimos la ciudad. Fue una escala para dormir y seguir el camino hacia los montes Drakensberg al día siguiente.

- Día 17 Drakensberg - Cathedral Natural Park

Los montes Drakensberg ("Montañas del Dragón" en afrikáans) son las montañas más altas de Sudáfrica. Nos alojamos en Amphitheatre Backpackers, un lugar remoto en medio de una gran explanada rodeada de montañas que, debido a la gran sequía que castiga al país, tienen un aspecto un tanto desértico (recuerdan al Oeste Americano).


El primer día nos acercamos a Cathedral Natural Park (30min en coche aprox.), desde donde se pueden realizar distintas rutas con diferentes niveles de dificultad, pero en nuestro caso, solamente hicimos la más corta, la que nos llevó a un lago pequeño. El lago es insignificante, pero durante el paseo observas y disfrutas de todo lo que te rodea.

De vuelta al backpackers quisimos relajarnos haciendo uso de sus servicios, por lo que jugamos al ping-pong (hay que dejar una fianza en recepción por utilizar sus palas y pelota), nos metimos en el jacuzzi,
la vista desde dentro del jacuzzi, con el bar al lado
y después de cenar (
el lugar ofrece desayunos, comidas y cenas, y también dispone de parrilas) nos acercamos al bar a escuchar un poco de música. Tambiém nos aislamos un rato en la planta de arriba, una especie de pequeña sala multiusos muy tranquila que dispone de sofás, libros…

Han creado un pequeño rocódromo y  una piscina exterior.  En la explanada puedes practicar diferentes deportes como futbol, frisbie (se puede coger en recepción pagando una fianza), palas… Ofertan diferentes tipos de alojamiento: desde cabañas de madera para parejas (dos camas y unas baldas en las que te dejas un hervidor de agua, sobres de cafe y te), hasta casas más grandes para grupos o incluso sitio para poder acampar con una tienda de campaña. Muy bien organizado y limpio.

cabaña y hamaca, relax

Al día siguiente decidimos realizar la excursión guiada al anfiteatro y a Tugela falls                ( cataratas Tugela).
Se creó un grupo de 12 personas, y el guía nos metió en un minibus que condujo dos horas hasta la cordillera de los montes Drakensberg, cerca de la frontera con Lesotho. De camino, atravesamos la región  Free State, y escuchamos atentos la historia del campus universitario que veíamos allende el cristal de nuestro transporte.
El guía era simpatiquísimo, pero tenía un gusto musical infernal, por lo que nos torturó durante 4 horas ( trayectos de ida y vuelta) con esos ritmos demenciales que percutían el cortex en un bucle que sin fin. Si en vez de deleitarnos con su límpida sonrisa y espontáneas explicaciones nos hubiera instado a confesar algún crímen que no hemos cometido, creo que los 12 miembros del grupo nos hubiéramos autoinculpado...¡Fuimos nosotros! ¡Sea lo que sea que sucediera fuimos nosotros! ¡ Pero apaga la radio ya por favor! 
El minibús aparca delante de un refugio de montaña,  pero el acceso por carretera sólo es posible si eres un experimentado conductor africano. Aunque sus normas de circulación sean parecidas a las nuestras, el concepto de conducción adquiere otra dimensión en algunos lugares de África. La última parte de esta carretera estaba repleta de baches y socavones donde un europeo medio no iría ni en bicicleta, pero nuestro guía-conductor atravesó los agujeros ( en algunos casos enormes y bien profundos) con un minibús repleto de gente. Eso es pericia y lo demás tonterías.
La ruta a pie al Amphiteatre es una delicia, y pese a ascender hasta más de 3000 metros, sólo tiene un punto de relativa dificultad, en el que hay que superar cierto desnivel trepando entre rocas y piedras que no siempre están bien sujetas a la pared.
Subiendo a Amphiteatre, montes Drakensberg
El guía amenizó la subida marcando un ritmo tranquilo que se adecuaba perfectamente a diferentes estados de forma física, y en el tramo de trepaje subió el último, respetando el ritmo de todos y cada uno de los integrantes del grupo.

Mientras subes la vista es preciosa, con paredes verticales a un lado y un paisaje amalgamado de tonos ocres y amarillos al otro. Una vez arriba, la visión es simple y llanamente espectacular: la cordillera extendiéndose ante ti, la inmensidad de los valles confundiéndose con el horizonte, y al otro lado, la mullida y confusa belleza de un mar de nubes.
Desde la cima, inmensidad y silencio, montes Drakensberg


Insigificantes en la naturaleza, montes Drakensberg

Por encima de las nubes, montes Drakensberg

Lamentablemente, la impía sequía ha borrado el caudal de la catarataTugela,y nos privó de ver la caída de la segunda catarata más alta del mundo. En el cauce por el que en algún tiempo transcurría el río sólo quedan algunas pozas semicongeladas. Varios miembros del grupo aprovecharon para hacer el gamba y zambullirse en ellas...y fue digna de ver la cara de gambón sufriente con la que se levantó alguno de ellos al día siguiente. En fin...
La ruta de bajada sigue un trayecto distinto, y esta vez el desnivel se salva bajando por unas escaleras fijadas a la pared vertical. Esperamos a que el guía sacara algún elemento de seguridad, pero la única garantía de seguridad fue se eterna sonrisa. Así que tocó plantarle cara al vértigo y descender. En la pared había dos escaleras, y según el guía, una era fija y la otra se movía...
¡Cuidado con el viento! montes Drakensberg

Podemos dar fe de que una se movía y la otra se movía aun más. Sea como fuere, al acabar de salvar la primera pared nos encontramos la sorpresa de que inmediatamente después había otra, así que de nuevo al lío.
De ahí hasta el final, un suave paseo envueltos en el silencio de la naturaleza y la admiración del lienzo paisajístico que con la luz de la tarde adquirió matices cromáticos distintos.
Volvemos, en grupo pero cada uno a lo suyo, montes Drakenberg
Mención especial merece la bóveda estrellada de la noche desde la explanada del backpackers, donde la sonrisa navega entre miríadas de astros y se distingue perfectamente la vía láctea.
Definitivamente, había sido un gran día.






viernes, 17 de marzo de 2017

LA VIDA EN TORNO A LA ESCUELA DE BENI HADIFA

Said imparte sus clases en Beni Hadifa, a 46 kilómetros de Alhucemas. Es un pequeño pueblo de apenas 2000 habitantes, en una zona rural . La escuela en la que trabaja es un complejo de edificaciones de una sola planta que dibuja un cuadrado. El patio de recreo ocupa el área, y no está totalmente asfaltado. Los servicios compartidos también se ubican ahí.
La clase de Said es, diríamos, el vértice superior derecho. Su voz se escucha más nítida a medida que nos acercamos. Dentro, 40 alumnos atienden en completo silencio.
Es un grupo heterogéneo que entreteje sus historias hilvanando la solidaridad. La chica retraída de la tercera fila camina todos los días durante dos horas para llegar puntual a la escuela. Su primo mayor es también alumno, y juntos recorren de nuevo el camino de vuelta al acabar la jornada.
"No suele tener faltas de asistencia. Su familia hace un esfuerzo enorme"-nos dice Said en un castellano con acento marroquí y vicios estructurales del francés-. "Tienen poco dinero. Sus amigos y amigas comparten los libros de texto con ella".
La mirada del docente recorre fugazmente la mesa de otra alumna y la pared que está detrás de nosotros. Habla con la niña, que saca un cuaderno de debajo de la mesa. Las hojas se presentan vestidas con nombres personales, caracteres árabes, números varios y cuentas matemáticas. La estructura del relato está decidida.
"Son sus compañeros los que le han comprado parte del material escolar, a iniciativa propia. Pidieron dinero a sus familias y cada una aportó lo que pudo. Son ellos mismos los que gestionan los fondos que consiguen".
Al lado del encerado, un folio con siete fotografías de tamaño carnet representa, uniendo con líneas los retratos entre sí, una estructura piramidal.
"Hemos creado una asociación. Estos son los encargados de recoger las demandas de sus compañeros y de hacérselas llegar a quien corresponda, que generalmente soy yo"- dice con media sonrisa y levantado los hombros. " Son muy activos. Y críticos. Se ayudan mucho"-sus dientes ya iluminan por completo el gesto.
Beni Hadifa, Marruecos
Habla con conocimiento de causa. En el corto trayecto hacia su vivienda las muestras de afecto entre los vecinos son notorias.
" A veces llego a casa sin dinero. Salgo de la escuela y me cuentan que tienen algún tipo de urgencia ¿ Qué voy a hacer? Aquí nos tenemos que ayudar entre todos".
Said forma parte de la remesa de funcionarios de educación que, mientras trabajaba en Europa con un contrato gestionado por el gobierno marroquí, repatriaron antes de lo establecido. Su familia más cercana (progenitores, pareja, hermano e hijos), se ha quedado en Ermua ( Vizcaya), lugar donde se mudaron cuando a él le contrataron.
"Nuestra hija ha nacido allí. Nuestro hijo no, pero tiene tres años. Todos los recuerdos, todos los lazos, los tiene allí. A él no le gusta Marruecos"-comenta inusualmente serio-. "Tenemos que decidir si vienen, se quedan donde están o se trasladan a La Línea, en Andalucía".
No habla abiertamente de las razones de su expulsión, pero un ciudadano marroquí afincado en el País Vasco, cuyo nombre no tenemos autorización para publicar, se muestra convencido de que es una represalia por las protestas antigubernamentales que el profesorado afincado en Europa llevó a cabo en distintas ciudades del continente. Sea como fuere, Said no participó en las manifestaciones.
El programa de colaboración entre el ministerio de educación marroquí y los ministerios de varios países europeos sigue vigente, por lo que la plantilla de los centros que imparten la asignatura "Lengua árabe y cultura marroquí" ha sido renovada. Los destinados a centros vascos no dominan ni el castellano ni el inglés. No parece casual que desamparo y desarraigo caminen juntos en este caso.
Es noche cerrada. El último autobús ha salido pero alguien que no conocemos nos ha prestado un coche, y Said se ofrece a llevarnos. Mientras tanto, la silueta de unos niños se torna reconocible de a poco entre el precario alumbrado nocturno. Traen dos bolsas repletas de los dulces que han sobrado en casa.
"Para vuestra familia"-dicen.
Y como siempre, sonríen.

domingo, 5 de marzo de 2017

DIARIO DE VIAJE (PARTE 5)

-DIA 12: PORT ELIZABETH

No nos pareció una ciudad atractiva, aunque tiene un paseo marítimo donde poder disfrutar de unas preciosas puestas de sol.
En este mismo paseo comimos en un restaurante "italo-africano" donde nos pusimos hasta el...por un precio más que aceptable.
A una hora aproximada  en coche visitamos una playa de dunas, y nos divertimos subiendo y bajándolas. Desde arriba, mientras descansábamos y disfrutábamos del rumor de las olas, nos pareció que varias manchas grises se dejaban acariciar juguetonamente por las olas: eran dos bancos de delfines que nos deleitaron con sus saltos y cabriolas.
Jugando en las dunas, en una playa cerca de Porth Elizabeth


-DIA 13: EAST LONDON

Es una pequeña ciudad con arquitectura europea pero ambiente típicamente africano, con ese caos de idas y venidas, ese jaleo de gente, esos ruidos y sonidos que te volverán loco, esos taxis pitando incesantemente porque cualquiera que camine por la calle es un cliente potencial y porque si no lo es les da igual, pitan porque pitan y les apetece, esas miradas curiosas porque quiénes serán estos dos blancos que hablan raro y tienen pinta de despistados....
Conducir por su avenida principal es una locura absoluta.

DIA 14-15: BULUNGULA
Es una especie de paraíso africano, ubicado en el WIld Coast de Sudáfrica. Y como al que algo quiere algo le cuesta, habrá que olvidarse del GPS y dejarse llevar por el maravilloso, y estresante si te pierdes, juego de pistas que junto a un mapa le harán llegar al destino. http://www.bulungula.com/map.pdf
Una vez conseguido el objetivo, podrá olvidarse de todo y sentIrse libre y tranquilo, inmerso en un mundo paralelo que muchos de nosotros desconocemos, rodeado de monte y mar.
La gente local le acogerá y podrá conocer un poco más sobre sus costumbres.
Verdaderamente, una experiencia que merece vivir.


¿Bulungula? Allí, al fondo. Buen viaje

Nos alojamos en Bulungula Backpackers Lodge, el cual está regentado por gente local, y la idea de este lugar es hacer sentir a los huéspedes parte de su comunidad, vivir tal cual lo hacen ellos allí, y por lo tanto, los dormitorios son típicos “huts”, el agua caliente de las duchas funciona con parafina, los retretes no tienen bomba...toda una experiencia. Además, el backpackers ofrece excursiones y actividades como paseo en canoa o a caballo por los alrededores, o también es posible aprender a pescar con redes tal y como lo hacen ellos o incluso a construir tu propia caña de pescar con materiales naturales; Se puede pasar unas horas con mujeres de allí que te enseñan cómo es su día a día; es posible acercarse al bosque y aprender varios remedios naturales con plantas de la zona. También ofrecen una visita a la escuela. Además, también existe la posibilidad de realizar una breve excursión por la aldea, pasar un rato con gente de allí, y conocer un poco más de cerca su cultura. Y en el hostal, es posible comer  comida típica que preparan con mucho gusto las mujeres.


Bulungula, ´cercano al paraíso...para el turista,
porque el paraíso no lo es tanto para el nativo.