martes, 24 de enero de 2017

ROBERT SOBUKWE, EL UNICO PRESO DOBLEMENTE AISLADO EN ROBBEN ISLAND



La metáfora surgió para atenuar la crueldad de lo literal, para edulcorar la consecuencia del impacto en la sien de la conciencia. Es, por llamarla de alguna forma, cicerone del shock, guía del espasmo, candor que templa el filo de la narración directa para que no sientas la hoja horadando, lacerando.
Si quiere castigarse al preso per sé castigado, se le someterá a régimen de aislamiento. Isla mentirosa de cuatro paredes sin océano ni brisa, lúgubre interrupción del desarrollo personal, retirada de lo más vital de control exógeno: la interrelación.
Robben island  fue hogar de focas y prisión para personas. Separada de Cape Town por alrededor de 12 kilómetros de mar, se convirtió en el basurero blindado donde vertir los focos contagiosos. El estado sudafricano encerró allí la lepra primero y la lucha por los derechos humanos después.
Robben island, en el mar, desde Table Mountain

El cautiverio de Nelson Mandela, cuyo carisma presidió Sudáfrica tras recuperar la libertad, sirvió para dar a conocer la existencia de esta porción de tierra regida por leyes de excepción.
Sin embargo, por paradójico que parezca, Mandela no fue catalogado por el sistema como preso político. Fue condenado por "sabotaje" y "conspiración". Por eso, aunque sí tuvo menos derechos que cualquier preso común de esa época en aquel lugar ( como todos los acusados por esos delitos), hubo otro hombre al que se le punió aun con mayor crueldad.
El trato para con Robert Sobukwe transciende los recursos del lenguaje. Castigado, éste sí, por "delitos políticos" ( delitos que no implicaban el uso de la violencia. En su caso, incitar a los sudafricanos a la desobediencia y a  que exigieran la derogación de ciertas leyes), vivió aislado dentro de una isla. Y no es pleonasmo. Es, como mucho, metáfora cautiva en la literalidad.
Complejo de confinamiento, en soledad, de Robert Sobukwe

Mientras los demás presos compartían penurias, esperanzas, terrores, dolores, palabras, quizá ( quiero creer) ocasionales sonrisas furtivas, lágrimas, recuerdos y proyecciones dentro del mismo edificio, Sobukwe sobrevivió sin compañía, durante seis años, en una celda fuera del complejo principal.
Los funcionarios encargados de su vigilancia tenían orden expresa de no hablarle, y no tenía contacto con los reclusos.
Robert Sobukwe entre otros iconos anti apartheid

A la única persona que pudo hablar con él, una diputada sudafricana ( este dato no lo tenemos confirmado) que debido a su rango obtuvo permiso para visitarlo cada unos cuantos meses, llegó a decirle: " se me está olvidando hablar".
No sé si existe metáfora, término, figura o palabra que defina lo que parece un intento consciente de bestialización.
A Robert Sobukwe lo encerraron dentro de una cárcel dentro de una prisión dentro de una isla. Y sólo.
Es el desarraigo elevado a la enésima potencia. A Robert Sobukwe le privaron de algo que para el sistema era  más valioso que la propia libertad: un entorno que transformar.
El título de su biografia es lo suficientemente elocuente como para definir su elección de vida y la asunción consciente de las consecuencias que, intuía, acarrearía.
 "How can man die better".
Duro y conciso.
"Cómo puede un hombre morir mejor".

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