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martes, 1 de noviembre de 2016

JUGUETEANDO CON EL MIEDO

Fuimos esparciendo la cautela en distintos recovecos de nuestro equipaje. Lugarcitos de difícil acceso donde nadie excepto nosotros podía encontrarla; índice de criminalidad, montoncito de cautela en minúsculos bolsillos; Segregación y sangre, pizquita de cautela tras insólitas solapas; Esperanza de vida, puñadito de cautela en un discreto doble fondo; Ideas preconcebidas, manojito de cautela escondido en el zapato.
Casualmente, o seguramente causalmente, acumulamos valentía justo al lado de cada acopio cauteloso. Haciendo un cálculo somero, siempre un poco más de lo que había en la pila adyacente. De acabarse alguna reserva, que no fuera la del arrojo.
Recién aterrizados en Sudáfrica, reconociendo Ciudad del Cabo ya comenzando a anochecer, nuestro estado de alerta nos jugó una mala pasada, pero nos relajamos ipso facto a la mañana siguiente: "qué distintas se aprecian las cosas con luz".

camino de Ciudad del Cabo
En realidad solo las palabras podían provocarnos miedo. Casualmente, o nunca sabremos si causalmente, las frases revestidas en pátinas de temor siempre nos las dijeron personas blancas. Una de esas sentencias disfrazadas de consejo chocó de lleno contra nuestro muro de contención occidental: " aquí los más peligrosos son los niños".
Ya fuera por nuestra idílica visión de la niñez primermundista, o por nuestra profesión ( ambos somos profesores de Educación Infantil y Educación Primaria), o por la coraza emocional que nos impide unir inocencia y peligro de muerte en la misma oración, nosotros no quisimos creernoslo.
niños en Sudáfrica
Pero la batalla contra molinos de viento está perdida de antemano, y la realidad nos abofeteó cuando un niño captó nuestra atención en una inhóspita carretera sudafricana. Estaba jugueteando con un objeto metálico que brillaba bajo un  sol intenso. Era una pistola y el crío no llegaba a los 10 años.
Dos semanas después llegamos a Johannesburgo, donde el miedo es un vecino más con el que convivir, pero también un sobreexplotado recurso lucrativo. Nosotros no lo sentimos, probablemente porque íbamos bajo el amparo de gente local que nos llevaba y nos traía, pero la gestualidad de los oriundos habla de rutinas de prevención asentadas a lo largo de decenios y de gente acostumbrada al enfrentamiento ( un agente de seguridad privada agarró la pistola cuando nos acercamos a preguntarle por una dirección, soltándola al comprobar que nuestras manos estaban visibles).
Entran en este apartado los peligros de la fauna salvaje, como dos elefantes  caminando hacia tu coche entre aspavientos de aviso.
Elefantes en Addo elephant National Park
En definitiva, acertamos al memorizar los recovecos donde guardamos a buen recaudo la cautela, pues si bien es innegable que en Sudáfrica el miedo está latente, casualmente, o quién sabe si causalmente, durante un mes sólo sentimos miedo de llegar a sentir miedo.

lunes, 19 de septiembre de 2016

SUDAFRICA Y LA PARADOJA

Un papel blanco, la presión de la punta del bolígrafo, la caricia de la mina del lápiz, o quizás, como antaño, la tinta huidiza y traviesa de una pluma estilográfica. Es igual, no importa que la pantalla sustituya al papiro, porque cuando la tecla rompe al fin la nada uniforme surge la primera paradoja, y así, el recipiente bidimensional comienza a llenarse de contenido. Golpe a golpe, letra a letra, el escritor propone y el lector decide. Su imaginario moldeará las palabras...ya viene la siguiente paradoja.

 

 

Porque esto es la vida y este es nuestro viaje. Esta fue nuestra Sudáfrica.

 Sus luces y nuestras sombras. Nuestro fulgor y su penumbra. Nuestras contradicciones. Sus paradojas:
Sudáfrica 2016

 

-La minoría blanca aglutina la mayoría de la riqueza.

-Los enormes recursos naturales del país no han repercutido en el nivel de vida de la mayoría de los habitantes.

-Los suburbios de las ciudades son las zonas residenciales VIP.

Suburbio en Cape Town

 -Un niño manejando una pistola. Quizá la paradoja por antonomasia.

-Una cabina telefónica en el medio de la nada.

 
Teléfono en Bulungula, Sudáfrica

 -Teléfonos móviles en aldeas donde no existe red eléctrica ni agua corriente.

-Escuelas urbanas donde la metodología no cuenta, pero una minúscula escuela en un poblado cuasi aislado en el que la educación global se considera vital.

-Segregación y más segregación en el país que concienció al mundo contra la segregación.

Museo del Apartheid, Johanneburgo, Sudáfrica

-Enconadas disputas históricas entre tribus de raza negra en el país del Apartheid.

-Sonrisas entre ruinas.

-A veces, cuando se enfadan, bailan.