lunes, 8 de agosto de 2016

ESCUELA DEL TOWNSHIP JOE SLOVO EN CAPE TOWN

Gracias a las gestiones que una pareja de couchsurfers realizó, pudimos entrar a conocer dos centros educativos en un township.

    Estuvimos en un colegio de educación secundaria y en otro de primaria. Nos encontramos con una realidad acorde al contexto sociaeconómico del alumnado, completamente dramática: alumnado con problemas de drogas, alcohol, SIDA, abandono escolar, ambarazaos prematuros, falta de motivación, fallecimiento de progenitores... Pero por esperado, no fue eso lo que más nos impactó. Nos resultó tremendamente doloroso ver la nula autocrítica que los centros efectúan, pues siguen encarando las mismas problemáticas históricas en la relación educador-educando mediante los mismos métodos de siempre...y ellos mismos admiten que no les dan resultado.

    Preguntados sobre la metodología empleada para intentar cautivar al alumnado la respuesta fue de absoluta incredulidad, respondiendo como quien ha de decir una obviedad, que ellas escriben en la pizarra y el alumnado copia. En la misma línea, no tienen planes de integración de los familiares en la educación de sus hijos, no saben exactamente para cuántos alumnos se cocina en la escuela, en el colegio de primaria el alumnado ha de cuadrarse ante la presencia de una directora que gestiona la escuela como si necesitara perentoriamente sentir en sus venas la autoridad...

    Si esta sensación fuera generalizada en los centros educativos de los township, creemos urgentísima la necesidad de un plan conjunto entre gobierno y estamentos educativos en Sudáfrica, en el cual las autoridades aseguren la dotación de infraestructuras físicas a los centros y la formación profesional del profesorado. Del mismo modo, la comunidad educativa necesita un replanteamiento de su labor, dejando de culpar del fracaso exclusivamente al entorno social y buscando nuevas vías de intervención, asumiendo así también su parte de responsabilidad.

     Sabemos que es una labor dificilísima. A fe que lo sabemos.

     Pero es indescriptible la sensación de desazón y aflicción que nos envolvió en estas escuelas, no tanto por las problemáticas inherentes al contexto social, si no por la falta absoluta de reflexión que percibimos entre los responsables de asumir estos déficit como motor de la función transformadora de la educación.

Mural en Soweto

        En Sudáfrica, como en muchas partes del mundo, las paredes tienen la capacidad de hablar. Deseamos de corazón que más temprano que tarde el sistema educativo responsable de los township asuma como máxima este mural que fotografiamos en Soweto. Establecerán así los cimientos sobre los que edificar la emancipación.

       Ánimo compañeras y compañeros, nuestro presente es el futuro de nuestros alumnos.


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