La metáfora surgió para atenuar la
crueldad de lo literal, para edulcorar la consecuencia del impacto en la
sien de la conciencia. Es, por llamarla de alguna forma, cicerone del
shock, guía del espasmo, candor que templa el filo de la narración
directa para que no sientas la hoja horadando, lacerando.
Si quiere castigarse al preso per sé
castigado, se le someterá a régimen de aislamiento. Isla mentirosa
de cuatro paredes sin océano ni brisa, lúgubre interrupción del
desarrollo personal, retirada de lo más vital de control exógeno:
la interrelación.
Robben island fue hogar de focas y prisión para personas.
Separada de Cape Town por alrededor de 12 kilómetros de mar, se
convirtió en el basurero blindado donde vertir los focos
contagiosos. El estado sudafricano encerró allí la lepra primero y
la lucha por los derechos humanos después.
| Robben island, en el mar, desde Table Mountain |
El cautiverio de Nelson Mandela, cuyo
carisma presidió Sudáfrica tras recuperar la libertad, sirvió para
dar a conocer la existencia de esta porción de tierra regida por
leyes de excepción.
Sin embargo, por paradójico que
parezca, Mandela no fue catalogado por el sistema como preso político. Fue
condenado por "sabotaje" y "conspiración". Por
eso, aunque sí tuvo menos derechos que cualquier preso común de esa
época en aquel lugar ( como todos los acusados por esos delitos),
hubo otro hombre al que se le punió aun con mayor crueldad.
El trato para con Robert Sobukwe
transciende los recursos del lenguaje. Castigado, éste sí, por
"delitos políticos" ( delitos que no implicaban el uso de la violencia. En su caso, incitar a los sudafricanos a la desobediencia y a que exigieran la derogación de ciertas leyes), vivió aislado dentro de una isla. Y
no es pleonasmo. Es, como mucho, metáfora cautiva en la literalidad.
| Complejo de confinamiento, en soledad, de Robert Sobukwe |
Mientras los demás presos compartían
penurias, esperanzas, terrores, dolores, palabras, quizá ( quiero
creer) ocasionales sonrisas furtivas, lágrimas, recuerdos y
proyecciones dentro del mismo edificio, Sobukwe sobrevivió sin compañía, durante
seis años, en una celda fuera del complejo principal.
Los funcionarios encargados de su
vigilancia tenían orden expresa de no hablarle, y no tenía contacto
con los reclusos.
| Robert Sobukwe entre otros iconos anti apartheid |
A la única persona que pudo hablar
con él, una diputada sudafricana ( este dato no lo tenemos
confirmado) que debido a su rango obtuvo permiso para visitarlo cada
unos cuantos meses, llegó a decirle: " se me está olvidando
hablar".
No sé si existe metáfora, término,
figura o palabra que defina lo que parece un intento consciente de
bestialización.
A Robert Sobukwe lo encerraron dentro de una
cárcel dentro de una prisión dentro de una isla. Y sólo.
Es el desarraigo elevado a la enésima
potencia. A Robert Sobukwe le privaron de algo que para el sistema era más valioso que la propia libertad:
un entorno que transformar.
El título de su biografia es lo suficientemente elocuente como para definir su elección de vida y la asunción consciente de las consecuencias que, intuía, acarrearía.
"How can man die better".
Duro y conciso.
"Cómo puede un hombre morir mejor".




