sábado, 26 de noviembre de 2016

LA SUDÁFRICA DE LOS SUDAFRICANOS ( PARTE 2)

Sudáfrica es muchas cosas y todas a la vez. Es materia y antimateria conviviendo en el alambre, es arcoiris de belleza exultante, es cautivador anochecer que tornará en abrumador amanecer, es noche cerrada anunciando tormenta que siempre amaina aunque a veces demasiado tarde, es bóveda estrellada preludio de un sol luminoso guardián de rescoldos.

Porque Sudáfrica es todo eso y más, he aquí un relato polifónico hilado con retazos de lo que la gente nos dijo: 

-"Lo mejor de Johannesburgo son la gente y la energía. Lo peor el tráfico...y también la gente" (hombre blanco de 24 años, Johannesburgo).

-"African rules? No rules" (hombre blanco de 32 años, Onrus)


Seguridad

 -"Tuvimos una suerte inmensa con Mandela. La mayoría de nosotros, después de 27 años encarcelados y con todo lo que le hicieron, habríamos salido con ganas de matar a todos" ( hombre blanco de unos 60 años, Cape Town).

-"Aquí convertimos en negocio cualquier problema" (hombre blanco de 32 años, Onrus).

-"Si hay algún problema yo decido quién tiene razón y quién no y el culpable debe compensar al otro" ( hombre negro, jefe de poblado, Bulungula)

-"Cambiar las cosas en Transkei es difícil, porque es difícil llegar a acuerdos con los jefes tribales, quieren mantener su liderazgo" (hombre blanco de unos 60 años, Cape Town).

 

Hut en construcción

-"Tratamos de concienciar a la gente, y hoy en día, estamos creando un nuevo plan de alfabetización de adultos, porque el anterior no nos dio resultado...Dejaron de venir al de poco tiempo" ( mujer negra de unos 40 años, Bulungula)

-"Por fin está empezando a descender la tasa de natalidad,  creo que a medida que la gente va consiguiendo vivienda propia" ( hombre blanco de unos 60 años, Cape Town).

 

Transkei

  -"Ya hay agua corriente en la mayor parte del país" ( mujer de 62 años, Cape Town)

-"Tenemos un problema serio de alcohol y drogas" ( mujer de unos 65 años, Porth Elizabeth)

domingo, 20 de noviembre de 2016

BULUNGULA: SOBREVIVIR EN EL PARAÍSO

A través de sinuosa orografía se insinúa Bulungula, serpenteando ante ti apenas un instante, fugaz como guiño de difícil descifrar que yerra el ansia de sentir.
Vagarás durante horas por tierras yermas de áridas pieles con el océano al fondo, certeza y arribo, avanzando con las velas plegadas entre mares de dudas, gestionando la incertidumbre con cada palada de miradas cómplices, conservando frescos los víveres enlatados en sonrisas.
"Sigan este plano..." Bulungula
Las referencias que nos dieron se desdibujan cual faro inerme que capitula ante la niebla: el nombre de la tienda tras la que había que dejar la carretera no es el mismo,
"Aquí dejen la carretera", Bulungula
la escuela del techo azul está más lejos, la valla amarilla se reduce a una estaca y no somos capaces de encontrar los huts de color melocotón...De repente, la señal.
Bulungula

Y la recompensa. En la desembocadura del río el paisaje encabrita los sentidos: un amanecer frente a la playa virgen, un paseo con la luna llena de linterna,
Anochecer en Bulungula
convivencia con los habitantes de la aldea y la banda sonora permanente de las olas del mar.
Solos en la playa, Bulungula

Pero conviene desanudar la venda de los ojos que también cubre la mente, desoír los cantos de sirena del paraíso terrenal y atender a los gemidos antropológicos que horadan las rutinas: urgen potabilizadoras de agua, infraestructuras que permitan superar la subsistencia, alfabetización y educación, comida...
Es duro sobrevivir en el paraíso.

sábado, 12 de noviembre de 2016

DIARIO DE VIAJE (PARTE 2)

- Dia 5. Betty´s Bay- Hermanus - Onrus


  • Betty´s Bay.

Un pequeño pueblo ( a una hora de Cape Town, 100km.) costero en el que han construido una atracción turística que reúne a una colonia de pingüinos. Hay que pagar 10R (1,30€) para poder entrar, y una vez dentro, podrá seguir un corto caminito que le brindará la posibilidad de pasar un rato divertido observando cómo se mueven estos graciosos animalitos en su pequeña aldea.


  • Hermanus.

Es una pequeña ciudad costera (a 50km. de Betty´s Bay), bonita y con ambiente, en la cual básicamente existen tres opciones: pasear por un bonito camino que hay rodeando la costa, sentarse en alguno de los muchos restaurantes que hay en la zona y degustar su sabrosa comida, u ojear el mercadillo que hay en el centro. Y además, si  se tiene suerte, cabe la posibilidad de alegrar la vista viendo alguna ballena en el mar, pues este enclave es famoso por su emplazamiento como lugar de avistamiento de ballenas durante el invierno y la primavera.                             
 Nosotros (en julio) tuvimos que quedarnos con las ganas...



  • Onrus.

Es una zona residencial a unos 9 kilómetros de Hermanus. A simple vista no es más que un barrio lleno de casas, pero merece la pena acercarse a la costa, pues en ella hay un precioso paseo, en el que podrá encontrar, además, un montón de baldosas con diferentes inscripciones hechas por diferentes personalidades.



- Día 6. THE HOOP - CAPE AGULHAS - GROTTO BEACH (HERMANUS) - ONRUS


  • The hoop.

Supuestamente es una hermosa playa de arena blanca y llena de dunas a 150km de Hermanus, pero a no ser que se disponga de un todoterreno, llegar hasta allí es complicado y largo, pues el camino que en teoría (digo esto porque al de casi un par de horas en ruta decidimos dar media vuelta y volvernos) llega hasta el lugar está sin asfaltar y sin ningún tipo de señal o indicación.


  • Cape Agulhas.

Este cabo es el punto más meridional de África, y aparte de un paseo al lado del mar, se encuentra el segundo faro en servicio más antiguo de Sudáfrica, después del faro de Green Point en Ciudad del Cabo.  Aquí se separan  los océanos Atlántico e Índico.
Nosotros no entramos, pero está permitido entrar en el faro y subir hasta el balcón circular que alberga el foco.



  • Grotto beach (Hermanus)

Es una  gran playa rodeada de naturaleza, en la que además de poder descansar y pasear, se tiene acceso a un bosque en en el que se puede realizar una breve pero muy bonita y curiosa caminata.




martes, 1 de noviembre de 2016

JUGUETEANDO CON EL MIEDO

Fuimos esparciendo la cautela en distintos recovecos de nuestro equipaje. Lugarcitos de difícil acceso donde nadie excepto nosotros podía encontrarla; índice de criminalidad, montoncito de cautela en minúsculos bolsillos; Segregación y sangre, pizquita de cautela tras insólitas solapas; Esperanza de vida, puñadito de cautela en un discreto doble fondo; Ideas preconcebidas, manojito de cautela escondido en el zapato.
Casualmente, o seguramente causalmente, acumulamos valentía justo al lado de cada acopio cauteloso. Haciendo un cálculo somero, siempre un poco más de lo que había en la pila adyacente. De acabarse alguna reserva, que no fuera la del arrojo.
Recién aterrizados en Sudáfrica, reconociendo Ciudad del Cabo ya comenzando a anochecer, nuestro estado de alerta nos jugó una mala pasada, pero nos relajamos ipso facto a la mañana siguiente: "qué distintas se aprecian las cosas con luz".

camino de Ciudad del Cabo
En realidad solo las palabras podían provocarnos miedo. Casualmente, o nunca sabremos si causalmente, las frases revestidas en pátinas de temor siempre nos las dijeron personas blancas. Una de esas sentencias disfrazadas de consejo chocó de lleno contra nuestro muro de contención occidental: " aquí los más peligrosos son los niños".
Ya fuera por nuestra idílica visión de la niñez primermundista, o por nuestra profesión ( ambos somos profesores de Educación Infantil y Educación Primaria), o por la coraza emocional que nos impide unir inocencia y peligro de muerte en la misma oración, nosotros no quisimos creernoslo.
niños en Sudáfrica
Pero la batalla contra molinos de viento está perdida de antemano, y la realidad nos abofeteó cuando un niño captó nuestra atención en una inhóspita carretera sudafricana. Estaba jugueteando con un objeto metálico que brillaba bajo un  sol intenso. Era una pistola y el crío no llegaba a los 10 años.
Dos semanas después llegamos a Johannesburgo, donde el miedo es un vecino más con el que convivir, pero también un sobreexplotado recurso lucrativo. Nosotros no lo sentimos, probablemente porque íbamos bajo el amparo de gente local que nos llevaba y nos traía, pero la gestualidad de los oriundos habla de rutinas de prevención asentadas a lo largo de decenios y de gente acostumbrada al enfrentamiento ( un agente de seguridad privada agarró la pistola cuando nos acercamos a preguntarle por una dirección, soltándola al comprobar que nuestras manos estaban visibles).
Entran en este apartado los peligros de la fauna salvaje, como dos elefantes  caminando hacia tu coche entre aspavientos de aviso.
Elefantes en Addo elephant National Park
En definitiva, acertamos al memorizar los recovecos donde guardamos a buen recaudo la cautela, pues si bien es innegable que en Sudáfrica el miedo está latente, casualmente, o quién sabe si causalmente, durante un mes sólo sentimos miedo de llegar a sentir miedo.