domingo, 5 de marzo de 2017

DIARIO DE VIAJE (PARTE 5)

-DIA 12: PORT ELIZABETH

No nos pareció una ciudad atractiva, aunque tiene un paseo marítimo donde poder disfrutar de unas preciosas puestas de sol.
En este mismo paseo comimos en un restaurante "italo-africano" donde nos pusimos hasta el...por un precio más que aceptable.
A una hora aproximada  en coche visitamos una playa de dunas, y nos divertimos subiendo y bajándolas. Desde arriba, mientras descansábamos y disfrutábamos del rumor de las olas, nos pareció que varias manchas grises se dejaban acariciar juguetonamente por las olas: eran dos bancos de delfines que nos deleitaron con sus saltos y cabriolas.
Jugando en las dunas, en una playa cerca de Porth Elizabeth


-DIA 13: EAST LONDON

Es una pequeña ciudad con arquitectura europea pero ambiente típicamente africano, con ese caos de idas y venidas, ese jaleo de gente, esos ruidos y sonidos que te volverán loco, esos taxis pitando incesantemente porque cualquiera que camine por la calle es un cliente potencial y porque si no lo es les da igual, pitan porque pitan y les apetece, esas miradas curiosas porque quiénes serán estos dos blancos que hablan raro y tienen pinta de despistados....
Conducir por su avenida principal es una locura absoluta.

DIA 14-15: BULUNGULA
Es una especie de paraíso africano, ubicado en el WIld Coast de Sudáfrica. Y como al que algo quiere algo le cuesta, habrá que olvidarse del GPS y dejarse llevar por el maravilloso, y estresante si te pierdes, juego de pistas que junto a un mapa le harán llegar al destino. http://www.bulungula.com/map.pdf
Una vez conseguido el objetivo, podrá olvidarse de todo y sentIrse libre y tranquilo, inmerso en un mundo paralelo que muchos de nosotros desconocemos, rodeado de monte y mar.
La gente local le acogerá y podrá conocer un poco más sobre sus costumbres.
Verdaderamente, una experiencia que merece vivir.


¿Bulungula? Allí, al fondo. Buen viaje

Nos alojamos en Bulungula Backpackers Lodge, el cual está regentado por gente local, y la idea de este lugar es hacer sentir a los huéspedes parte de su comunidad, vivir tal cual lo hacen ellos allí, y por lo tanto, los dormitorios son típicos “huts”, el agua caliente de las duchas funciona con parafina, los retretes no tienen bomba...toda una experiencia. Además, el backpackers ofrece excursiones y actividades como paseo en canoa o a caballo por los alrededores, o también es posible aprender a pescar con redes tal y como lo hacen ellos o incluso a construir tu propia caña de pescar con materiales naturales; Se puede pasar unas horas con mujeres de allí que te enseñan cómo es su día a día; es posible acercarse al bosque y aprender varios remedios naturales con plantas de la zona. También ofrecen una visita a la escuela. Además, también existe la posibilidad de realizar una breve excursión por la aldea, pasar un rato con gente de allí, y conocer un poco más de cerca su cultura. Y en el hostal, es posible comer  comida típica que preparan con mucho gusto las mujeres.


Bulungula, ´cercano al paraíso...para el turista,
porque el paraíso no lo es tanto para el nativo.




domingo, 12 de febrero de 2017

DIARIO DE VIAJE ( PARTE 4)

- Día 10 Tsitsikamma - Jeffreys Bay - Port Elizabeth

    Jeffreys Bay es un pequeño pueblo costero, de casas bajas y carreteras anchas. Cuando estuvimos, estaba todo bastante sucio. Hacía mucho viento, por lo que estuvimos poco tiempo.
    En los días siguientes al que estuvimos, allá por mediados de julio, se celebraba una de las pruebas mundiales de surf, por lo que curioseamos entre el montaje que se había preparado para acoger tal evento. Asimismo, pasamos un rato observando los entrenamientos que los surfers estaban realizando. Era reseñable la limpieza y cuidado del recinto en el que iba a celebrarse el campeonato, en comparación con la impresión general que nos causó el resto del pueblo.
viento en Jeffreys Bay

    Una vez en el coche, y con la intención de salir del pueblo rumbo a Port Elizabeth, entramos por error en el township, por lo que pudimos apreciar por primera vez, desde dentro, cómo viven los habitantes de estas “favelas”. Nos llamaron la atención la gran cantidad de carteles informativos haciendo alusión a la alta tasa de criminalidad y a la precaución, incluso a la amenaza directa al malhechor, y comentamos que aunque así fuera, nos parecía que advertencias como esa favorecían la estigmatización de toda la comunidad, máxime cuando quien viaja ( o vive ) a Sudáfrica suele estar bien informado sobre las zonas en las que se concentra mayor  índice de violencia.
    Reflexión va kilómetro viene, llegamos a Port Elizabeth de noche. No nos gustaba la idea de andar vagando por la ciudad en mitad de la oscuridad, pero gracias a la tecnología moderna, llámese GPS, llegamos directamente a la puerta de la casa de la couchsurfer que nos iba  a alojar.


- Día 11 Addo Elephant National Park - Port Elizabeth

    El Addo Elephant National Park está a una media hora de Port Elizabeth. Es una zona protegida donde poder observar desde el coche animales salvajes en libertad, algo así como el hermano pequeño del Kruger National Park.
    Tras anotar nuestros datos y los del vehículo en recepción, circulamos todo el día por sus carreteras y pistas observando la fauna. No vimos leones, pero sí muchísmos elefantes, búfalos que compartieron camino al lado de nosotros, facoceros, avestruces....etc

Elefantes en Addo National Park

Regalo, obra de arte contemporanea de...¿Elefante? ¿Búfalo?

Alguien rebañó bien la cena en Addo Elephant National Park

    Si no se va a dormir dentro del parque, conviene abandonarlo cuando el sol aun alumbra. A nosotros nos envolvió la noche nada más abandonar el parque, y la conducción fue incómoda, ya que el alumbrado es precario en todo el tramo que une el parque y la ciudad. Sumadle a esto un montón de personas caminando por los márgenes de la carretera sobre las que, si hay noche cerrada, sólo intuirás una confusa silueta que no sabrás identificar. Si a alguien se le ocurriera invadir la calzada, el susto podría ser mayúsculo.

martes, 24 de enero de 2017

ROBERT SOBUKWE, EL UNICO PRESO DOBLEMENTE AISLADO EN ROBBEN ISLAND



La metáfora surgió para atenuar la crueldad de lo literal, para edulcorar la consecuencia del impacto en la sien de la conciencia. Es, por llamarla de alguna forma, cicerone del shock, guía del espasmo, candor que templa el filo de la narración directa para que no sientas la hoja horadando, lacerando.
Si quiere castigarse al preso per sé castigado, se le someterá a régimen de aislamiento. Isla mentirosa de cuatro paredes sin océano ni brisa, lúgubre interrupción del desarrollo personal, retirada de lo más vital de control exógeno: la interrelación.
Robben island  fue hogar de focas y prisión para personas. Separada de Cape Town por alrededor de 12 kilómetros de mar, se convirtió en el basurero blindado donde vertir los focos contagiosos. El estado sudafricano encerró allí la lepra primero y la lucha por los derechos humanos después.
Robben island, en el mar, desde Table Mountain

El cautiverio de Nelson Mandela, cuyo carisma presidió Sudáfrica tras recuperar la libertad, sirvió para dar a conocer la existencia de esta porción de tierra regida por leyes de excepción.
Sin embargo, por paradójico que parezca, Mandela no fue catalogado por el sistema como preso político. Fue condenado por "sabotaje" y "conspiración". Por eso, aunque sí tuvo menos derechos que cualquier preso común de esa época en aquel lugar ( como todos los acusados por esos delitos), hubo otro hombre al que se le punió aun con mayor crueldad.
El trato para con Robert Sobukwe transciende los recursos del lenguaje. Castigado, éste sí, por "delitos políticos" ( delitos que no implicaban el uso de la violencia. En su caso, incitar a los sudafricanos a la desobediencia y a  que exigieran la derogación de ciertas leyes), vivió aislado dentro de una isla. Y no es pleonasmo. Es, como mucho, metáfora cautiva en la literalidad.
Complejo de confinamiento, en soledad, de Robert Sobukwe

Mientras los demás presos compartían penurias, esperanzas, terrores, dolores, palabras, quizá ( quiero creer) ocasionales sonrisas furtivas, lágrimas, recuerdos y proyecciones dentro del mismo edificio, Sobukwe sobrevivió sin compañía, durante seis años, en una celda fuera del complejo principal.
Los funcionarios encargados de su vigilancia tenían orden expresa de no hablarle, y no tenía contacto con los reclusos.
Robert Sobukwe entre otros iconos anti apartheid

A la única persona que pudo hablar con él, una diputada sudafricana ( este dato no lo tenemos confirmado) que debido a su rango obtuvo permiso para visitarlo cada unos cuantos meses, llegó a decirle: " se me está olvidando hablar".
No sé si existe metáfora, término, figura o palabra que defina lo que parece un intento consciente de bestialización.
A Robert Sobukwe lo encerraron dentro de una cárcel dentro de una prisión dentro de una isla. Y sólo.
Es el desarraigo elevado a la enésima potencia. A Robert Sobukwe le privaron de algo que para el sistema era  más valioso que la propia libertad: un entorno que transformar.
El título de su biografia es lo suficientemente elocuente como para definir su elección de vida y la asunción consciente de las consecuencias que, intuía, acarrearía.
 "How can man die better".
Duro y conciso.
"Cómo puede un hombre morir mejor".

viernes, 6 de enero de 2017

EL TRANSPORTE EN SUDÁFRICA

Nosotros, durante un mes, utilizamos tres medios de transporte.
La mayoría del viaje lo hicimos en coche alquilado. Fue un pequeño Ford Figo blanco, y aguantó como un campeón los más de 5000kms que le hicimos.
Con este coche recorrimos más de 5000kms
Sudáfrica es un país extenso, con grandes distancias que recorrer ( el sur es relativamente cómodo, pero a medida que subes las distancias aumentan), y una red principal de carreteras de buena calidad. Apenas hay peajes, y los que pasamos ( por ejemplo antes de llegar a Tsitsikamma) no son caros.
La mayoría de las carreteras son de un carril de ida y otro de vuelta, pero los sudafricanos han ideado un código de circulación no escrito mediante el que facilitarse la circulación: aprovechan la gran anchura de los arcenes para echarse a un lado y permitir el adelantamiento al que llega por detrás.
Código oficioso de adelantamiento
Educados y amables como son, aquel que te adelante activará las luces de emergecia para agradecer la cortesía, tu ráfaga de luces largas dirá "de nada".
red pricipal de carreteras, Sudáfrica

Curioso...Y una locura hasta que descifras el código.
Las carreteras secundarias son de peor calidad, pero encontramos obras de acondicionamiento y ampliación en gran parte del país, como llegando a Free State o a lo largo de gran parte de la provincia de Mpumalanga.
carretera secundaria, Sudáfrica

Trabajadoras calentándose con una hoguera. Obras camino de los Drakensberg

Eso sí, estás en África, por lo que si quieres disfrutar de alguna de las perlas del país deberás aventurarte necesariamente en algunas pistas sin asfaltar...y en caminos de baches ( así descubrimos Bulungula) que te retrotraerán a tu niñez en aquellas añoradas barracas saltarinas de las ferias de los pueblos.
camino sin asfaltar, Bulungula

La comodidad en la conducción disminuye en las ciudades, aunque por distintas razones dependiendo del tipo de ciudad. En aquellas "occidentalizadas" como Cape Town o Johannesburgo la densidad de tráfico puede llegar a ser demencial. Súmesele a esto que en los stops tiene preferencia el que antes llegue...Y que nosotros aun hoy no tenemos del todo claro a qué semáforo hay que obedecer                ( creemos que la prioridad la marca el que esté en la dirección a la que quieres ir, no el que tienes inmediatamente delante. De todos modos, admitimos nuestra total ineptitud descodificando esta regla).  Pero África sorprende, y curiosamente, el día que en el barrio de Johannesburgo donde nos alojábamos se averiaron los semáforos, el tráfico fluyó más ordenado que nunca. Era un cruce de cuatro carriles y cuatro direcciones. Eficiente autogestión, sí señor. Y un poema nuestra cara cuando percibimos que no funcionaban...
En las ciudades "africanizadas" el problema es el caos de idas y venidas de todo tipo de vehículos, sin orden aparente a ojos de dos novatos en estas lides. Agregad peatones cruzando por doquier y animales ( domésticos algunos, véase cerdos y gallinas; Salvajes otros, como los monos) invadiendo la calzada...O decenas de taxis tocando el claxon al mismo tiempo para atraer clientes ( ¿?   ¡! )...Toda una experiencia.
saludos "on the road"

Hay que tener muchísimo cuidado, y esto en todos lados, con las furgonetas que ejercen de taxis. Conducen muy, y remarcamos el muy, temerariamente.
En Cape Town, quien no quiera conducir, puede aprovechar el gran servicio que ofrece "mycity bus". Es una línea de autobuses bien organizada que conecta los principales núcleos de la urbe. Nosotros la convertimos en nuestro principal medio de transporte. Los últimos días utilizamos también el tren para llegar al barrio de nuestros couchsurfers. En este caso la experiencia fue menos agradable: sufrieron grandes retrasos que masificaron los vagones, e incluso se originó una pelea en la estación principal. Las paradas no están bien iluminadas y la limpieza no es la mejor. Asimismo, las puertas se cierran y desbloquean manualmente, dando origen a escenas tales como hacer parte del trayecto con las puertas del vagón abiertas porque los viajeros más cercanos a la puerta deseaban sentir el aire...o sacar la cabeza con el tren en marcha. La entrada y salida en los tornos de la estación principal tenía un punto caótico, ya que los tornos no funcionaban, y por lo tanto, comprobaban todos los billetes visualmente. Nada especialmente grave en todo caso ( a excepción quizá de los "suicidas" inconscientes de "cabeza sobrante"). Aunque más tarde de lo previsto en ocasiones, terminamos llegando siempre a nuestro destino.
En Johannesburgo, el tren al que subimos para salir del aeropuerto nos pareció muy caro, pero ninguna queja en cuanto al servicio.
Por último, y aunque nosotros no lo utilizamos, queremos nombrar el "bazzbus", pues les será de utilidad a aquellos que no quieran alquilar un coche. Esta línea de autobuses hace la ruta uniendo todos los backpackers del país, por lo que el viajero puede subirse y bajarse directamente en el hostel que decida. Sabemos gracias a gente que allí conocimos, que llamándoles con antelación, pueden incluso llevar solamente la mochila al backpacker solicitado, liberando así al viajero del peso de la mochila, facilitándole la ruta a pie si así lo desea. Sobre la calidad del servicio no podemos opinar.
Asimismo, existen vuelos internos relativamente asequibles, aunque a horas intempestivas...y como en nuestro caso entre Johannesburgo y Cape Town, en aeropuertos muy alejados de la ciudad.
Queremos cerrar este post agradeciendo explícita y públicamente a Oan, nuestro couchsurfer en Johannesburgo, su inestimable ayuda y generosidad. Nos llevó al aeropuerto de Lanseria ( a más de media hora en coche desde el centro ) a las 4 de la mañana. No sabemos si hubiéramos podido llegar a tiempo sin él.
So, Oan, thank you.






¡Ah! ¡Se nos olvidaba lo más esencial!  Circulan por la izquierda.

sábado, 31 de diciembre de 2016

MUSEO DEL APARTHEID, JOHANNESBURGO

Creemos que este museo merece una entrada donde la atención no se disgregue, por lo que hemos recuperado esta parte de la crónica de una entrada anterior. Si estáis interesados en historia, política, o incluso arte, a fe que este lugar os gustará. Si lo visitáis, preparaos porque impacta, pero pasad, es esclarecedor. 

Situado a 20 minutos de Soweto en coche, el museo está exquisítamente planificado y ofrece una experiencia multidimensional, aunando la típica exposición de objetos reales con una multiplicidad de sensaciones provenientes tanto de la organización física del interior como del dominio de la intensidad lumínica. 

Los accesos al edificio principal están divididos entre una puerta para blancos y otra para no blancos, asestándote así el primer crochet antes incluso de que hayas sobrepasado el umbral. Ya estás alerta, ya empiezas a tambalearte. El interior te noqueará. 

Segregación, Apartheid museum


Tras atravesar una zona de transición a través de pasillos separados ( jalonados de objetos reales referentes a la clasificación racial y a la exclusión institucionalizada) según la raza correspondiente, comienza un recorrido concebido a modo de línea temporal a través de la historia de Sudáfrica.

Segregación, Apartheid museum

 Estos primeros años que cruzas van aportándote el contexto general que sirvió de soporte al nacimiento del Apartheid. Al mismo tiempo, la estrechez y la oscuridad de los corredores por los que transitas van sumiéndote en una atmósfera opresiva e incómoda, que alcanzará su cénit cuando te sumerjas de pleno en los años más duros del Apartheid y las protestas sádicamente reprimidas.

Absurdo...pero real. Apatheid museum

 En esta fase se añade otro elemento ambiental  que acentúa  la sensación de desasosiego, pues desembocas en una sala oscura donde distintas pantallas muestran documentales de manifestaciones y violencia. El sonido, a todo volumen, te intimida. Las imágenes,vertiginosas y duras cual bala directa a tu sien, te apabullan. Pero sigues caminado, inexorable como el tiempo de la Historia que recorres, y percibes que poco a poco los pasillos se anchan, los barrotes ya no están, la iluminación aumenta...Estás en la época de transición,  pronto vas a ser testigo de las negociaciones mediante las que consiguieron redactar la nueva constitución.  Y así, quemando etapas históricas, superando la opresión de metros ( decenas de años) atrás, vislumbras las rúbricas de la Carta Magna que abrió las puertas de un tiempo nuevo. Accedes entonces a un último pasillo, ancho y alumbrado con luz natural. Caminas hacia la salida, hacia la luz que te invade, saliendo al fin al aire libre. Has terminado tu viaje, bienvenido al jardín de la libertad y la igualdad.

viernes, 23 de diciembre de 2016

UN CAOS, PERDÓN, UN TAXI EN MARRUECOS

Estoy seguro de que la teoría del caos se fraguó en una parada de taxis marroquí.
Me imagino al físico avezado observando el trajín apoyado en el lateral del taxi que saldría hacia su destino a una hora indeterminada, exactamente a las que el coche se llene en punto. Allí apostado dibujó esquemas relacionales, anotó cambios en los sistemas, atisbó las consecuencias y reorganizó apuntes.
Hace bastante menos tiempo, nosotros observábamos los vaivenes de nuestro contacto en Nador intentando que el taxi se llenara lo antes posible. Más de media hora y tres personas después, siete anchoas bípedas emprendíamos rumbo a Alhucemas. Mohamed ocupaba el ala izquierda del asiento trasero, malhumorado porque  habiamos decidido volver en taxi. En el ala derecha, una sexagenaria con el brazo escayolado protegía su cuerpo invocando al espíritu del Daniel Pasarella más territorial. Su codo mellaba mi costillar en cada curva. En el centro, Zuri y yo demostrábamos con nuestros cuerpos nuestra destreza en el Tetris.
En el asiento del copiloto dos hombres compartían espacio y conversación.
No llevamos diez minutos cuando la señora se duerme. O es sonámbula o su codo es un ente autónomo independiente de ese cerebro que desahoga su cansancio entre profundos resoplidos.
La cara de Moha no mejora, pero el olor producido por el hacinamiento empeora. Le hago a Zuri un comentario irónico sobre la relevancia de las especias en Marruecos y el remedio no sana la enfermedad. Le entra un incontrolable ataque de risa, le pido que por favor pare, me responde entre espasmos que no puede. Siento que somos el coche teledirigido de Kafka. Cómo se divierte el cabrón.
Los cinturones no sirven para nada, las normas de circulación tampoco, las líneas continuas son un gasto absurdo de pintura.
Suena el teléfono de la bella durmiente. Levanta la pantalla sin abrir los ojos, grita un monosílabo y sigue roncando. Admirable.
A medio camino el chófer comienza a hacer aspavientos. Algo va mal. Esa misma mañana habíamos abandonado un autobús que se averió a mitad de trayecto entre las dos ciudades...No podía volver a pasar. Pero sí.
Unos kilómetros más adelante el taxi para delante de lo que parece un restaurante de carretera. Los tres hombres de delante bajan y miran el motor. La mujer de mi derecha abre la puerta, vomita, cierra y sigue soñando. Inmutable. Impertérrita.
Prodigioso.
Esta vez yo también estallo en una carcajada incontrolable.
Mohamed no. Mohamed sigue enfadado.
Los mecánicos circunstaciales han arreglado el desperfecto y vuelven al coche. El chófer le ofrece a la mujer ir al baño. Ni se inmuta. Tras insistirle, abre los ojos, responde vagamente entre brumas somnolientas y vuelve ipso facto a despeñarse en su sueño.
Es mi ídolo.
Zuri y yo creemos morir desternillados. O por accidente de circulación. O por caer barranco abajo. O por falta de oxígeno.O por...qué más da, puestos a morir que sea de risa.
El móvil de mi nueva referente vuelve a sonar unas cuantas veces. La secuencia es siempre la misma: grito monosilábico y a conversar con Morfeo. Todo en un nanosegundo.
Ya se divisan las luces de Alhucemas, pero no, aun no hemos llegado.
En la periferia de la ciudad nos da el alto un control policial. Nos piden la documentación. Nada más. Ni cinturones ni plazas permitidas. Sólo quiénes somos y a dónde vamos.
A los del pasaporte extranjero también qué hacemos en Marruecos y con quién estamos, dónde nos alojamos y por qué volvemos a esas horas. Nosotros respondemos con el protocolario "no entiendo", "ez dut ulertzen", "I dont understand", "no capisco" y todo el inventario de la torre de Babel. Todo menos el que les dé cancha.
Mohamed conversa con ellos. Está incomodísimo. Los tres de delante se giran y nos sonríen. El conductor nos tranquiliza con gestos. Nosotros estamos bien. La mujer...La mujer duerme.
Uno de los policías intenta despertarla, ella ronronea convenientemente, compiten en tozudez y la señora gana por goleada. Joder Ibai, no te rías ahora. Zuri, ni se te ocurra.
El agente desiste y la mujer ni siquiera ha abierto el bolso.
Qué profesional.
Tras largos dimes y diretes nos dan el visto bueno.
Podemos seguir. Incluso nos recomiendan un hotel de la ciudad. Cerquita de la cala, buena calidad, buen precio.
Shukran agente, muy amable.
Ahora sí, ya estamos en Alhucemas. Vamos al piso que ya vale de aventura por hoy.



sábado, 17 de diciembre de 2016

NADOR: BLAINE E ILSA EN CASABLANCA

Nador es "Casablanca". La película.
Sin Bogart ni Bergman ni el piano de Sam llorando las lágrimas que Blaine e Ilsa no se permitían, pero febril, rastrera, vigilante, traicionera.
Asomada a la atalaya transcontinental ( apenas 200 kms por mar) y con Melilla ( 16 kms) como  puerta del patio trasero  europeo, en Nador  bulle el tráfico: rodado, marítimo, aereo...y más. Mucho más.
Basta con  caminar por las calles paralelas al paseo  para que Mohamed nos recomiende guardar el móvil. En las aceras, mantas extendidas improvisan un mercadillo donde se venden objetos que los tenderos no compraron. Alguien que está siendo seguido nos está siguiendo, un hombre nos increpa, otro me grita que me afeite y ríe conmigo cuando a mí me da la risa, le pregunto a Mohamed por el monte Gurugú y miente que no sabe, que no lo conoce, que no está cerca.
En esta zona adyacente al mar los edificios tienen marcado estilo europeo, las calles son anchas, están bien asfaltadas y el ambiente se muestra  opresivo. Es un hormiguero humano de caminantes con retrovisor.
Incómodo con la atmósfera y nuestras preguntas, Moha nos va alejando subrepticiamente del núcleo del galimatías. Nosotros le dejamos hacer, le conviene destensarse.
Nador bulle

Y así es, porque cual matrioska con sorpresa, existe otro Nador completamente distinto muy cerca de alli.
Un Nador africano, un Nador  previo al crecimiento poblacional que lo ha sobrepasado, un Nador de calles sin asfaltar, niños jugando, casas coloridas de baja altura y  vida tranquila. Un Nador al que se llega andando en apenas media hora desde "Casablanca", aquel otro Nador.
Enlazamos en nuestro caminar con una zona intermedia, limbo entre dos mundos: el futbol base local se entrena en un moderno campo de hierba artificial, las plazas rebosan de juegos entre críos y adultos, los adolescentes se sonríen buscándose tras el humo... Las escenas se nos antojan reconocibles.
La prudencia mira al cielo y comprende por qué ha empezado a tiritar. No es miedo, es que empieza a anochecer. "Mejor volvemos a Alhucemas", nos sugiere entre susurros.
De vuelta a "Casablanca" por la avenida principal caemos en la cuenta de que la densidad de alojamientos ofertados es desmesurada. Ciudad de paso. Intuímos que también de peso. Y a juzgar por el estado de muchos de los hostales, ciudad de urgencias. Anonimato y fugacidad. Si te he visto no me acuerdo.Trato hecho.
Los buses ya han salido, así que toca compartir taxi. Mohamed acuerda el precio del trayecto y mientras esperamos a que el coche se llene, un hombre abre la caja  de electricidad del poste de la esquina de la estación, deja un sobre dentro, cierra la puerta y se aleja sin mirar atrás. Zuri y yo disimulamos nuestra señal de aviso: atentos.
Un taxista baja del vehículo, recoge el sobre y vuelve a entrar al taxi. Deja el sobre en el asiento del copiloto. Sin abrirlo, sin nerviosismo, sin llamar la atención, sin nada. Todo normal.
Otro hombre nos mira fijamente. Le sostenemos la mirada y le saludamos. Media sonrisa es la respuesta.
"Ibai, Zuri, ya estamos siete"-Mohamed nos informa de que el taxi va a salir.
Volvemos a Alhucemas.